Hemos terminado el seminario de Fundamentos de Economía para futuros periodistas de oficinas comerciales españolas en el extranjero. Tras 21 horas de estudio de variables macroeconómicas, desequilibrios del mercado y políticas de corrección, he comprendido la lógica perversa que sufrimos buena parte de la sociedad española. Me he atragantado especialmente con la receta de que bajando el salario real de los trabajadores se consigue reducir el desempleo en economías como la española, la francesa o la alemana. No dudo de su eficacia en términos numéricos, pero como a tantos de mi generación me indigna sentirme presa de este tipo de funambulismos. En España hace tiempo que empresarios actúan tácitamente en esa dirección, con la connivencia del Gobierno y los sindicatos. El salario real se ha reducido entre aquellos que han entrado recientemente en el mercado de trabajo: inmigrantes, jóvenes y, en menor medida, mujeres. El fenómeno inmigratorio y el auge de subsectores como la construcción ha acelerado el crecimiento de la economía española durante casi diez años. La juventud universitaria se ha visto ninguneada en sus expectativas salariales y se ha incorporado al mercado de trabajo en peores condiciones que la generación que durante este tiempo estaba siendo prejubilada. Las conquistas de los trabajadores que hoy, Día Internacional del Trabajo, se celebran parecen ser ya gloria del pasado. La connivencia del Gobierno y de los sindicatos ha sido el factor decisivo para que los derechos laborales dejen de respetarse y entren en juego en el juego económico. Durante este curso académico estudio Derecho del Trabajo en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y he constatado que la teoría apenas se corresponde con la realidad del mercado del trabajo.
Hoy, 1 de mayo, he vuelto a casa en Metro a las 6:30 de la mañana de un trabajo nocturno que no distingue entre días laborales y festivos. He celebrado el Día durmiendo, tomando un café con ensaimada en Diego de León, comprando El País en el Vip’s y regresando a casa para iniciar este mi primer blog que reservaba desde hace meses para un momento especial. Esta noche volveré a vaciar los contenidos de la programación nocturna de la radio y televisión, enchufada al ordenador de mesa a través de unos cascos, convertida en el autómata que ni siente ni padece. Lo cierto es que me duele la garganta y me apetece quedarme en el sofá de dos plazas del minipiso de 20 metros cuadrados que alquilamos Raúl y yo, viendo House y retomando los trabajos del curso que no he hecho hoy.
Ya es día 2. En las tertulias radiofónicas nocturnas han debatido sobre la celebración del Día Internacional del Trabajo. CC.OO. y UGT han organizado una manifestación conjunta en Madrid con el lema “Por la igualdad y un empleo de calidad”. Han destacado la falta de asistencia respecto a otros años y los discursos electoralistas de los secretarios generales. Cuando incluso un periodista de ABC califica la actuación sindical en España de acomodada al sistema, hay que pensar en cambiar sus estructuras de poder, crear un modelo alternativo de reivindicación de derechos laborales o resignarse a la segunda clase.